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domingo, 29 de mayo de 2011

FRASES DE CINE: BETTE DAVIS

Bette-Davis                                                                                                                                                                                                            by independentman
                                                                                                                                  
En estos tiempos que corren, donde muchas cadenas televisivas dejan tanto que desear, se revitalizan las palabras que la diva les dedicó hace ya varias décadas:

"La televisión es maravillosa. No sólo nos produce dolor de cabeza sino que, además, en su publicidad encontramos las pastillas que nos aliviarán.

Bette Davis. 


martes, 24 de mayo de 2011

¿QUE FUE DE YVETTE VICKERS?

Ivette-Vickers

La pregunta tienen rápida y triste respuesta. El 27 de abril de 2011, su cadaver momificado fue encontrado en su casa de Benedict Canyon (California) un año despues del fallecimiento y sin que nadie se hubiera preocupado por ella durante todo ese tiempo. Esto da una ligera idea de la soledad en que vivió esta anciana los últimos años, lejos de sus tiempos de modelo, cantante, chica Playboy y protagonista de largometrajes como El ataque de la mujer de 50 pies ó El ataque de las sanguijuelas gigantes entre otros títulos de serie B, lo que le llevó a tener cierta popularidad allá por los años cincuenta del pasado siglo.


El-ataque-de-la-mujer-de-50-pies

Yvette Vickers nació en Kansas en 1928, fruto de un matrimonio de músicos de Jazz. Después de iniciar estudios de periodismo, la publicidad llamó a su puerta, comenzando a realizar diversos trabajos como modelo, en el teatro y la televisión, hasta debutar en  cine de la mano de Billy Wilder, con un papelito en El crepúsculo de los dioses (1950). El dato es curiosamente premonitorio si tenemos en cuenta que este largometraje se centraba en la historia de una vieja estrella olvidada por casi todos.


    Vickers, pasando apuros dentro del bar, en El ataque de la mujer de 50 pies


 En 1957 llegó a coprotagonizar la película dirigida por James Cagney, Atajo al infierno.  Al año siguiente, obtuvo su papel más recordado en El ataque de la mujer de 50 pies, todo un hito en el cine de serie B, hoy convertida en película de culto dentro del subgénero. Poco más tarde repetiría con El ataque de las sanguijuelas gigantes y fue elegida chica Playboy en el número de la revista de Julio de 1959 . Después comenzaría el declive de su carrera, aunque siguió compaginando la televisión con breves apariciones en el cine, eso sí, cada vez más espaciadas.

Yvette-VickersEl-ataque-de-las-sanguijuelas-gigantes

Ni su aventura pasajera con Cary Grant, ni dos fugaces matrimonios y una relación de catorce años con el también actor Jim Hutton dieron descendencia a Vickers, que murió por causas naturales y absolutamente sola, en algún momento del año 2010. Sin embargo, hubo que esperar hasta abril de 2011 para que su vecina, extrañada por la acumulación de correspondencia en el buzón de la artista, entrara en la casa y descubriera su cuerpo inerte dentro del dormitorio.


jueves, 19 de mayo de 2011

DEJAR HUELLA EN HOLLYWOOD

Casi nadie recuerda a Norma Talmadge, una de tantas estrella del cine mudo que no superaron el paso al cine sonoro. Cuentan, sin embargo, que un accidente casual sufrido por la artista tiene la culpa de una de las tradiciones hollywoodienses que perdura hasta nuestro tiempo. Un día de 1927 pasaba frente a las obras de construcción del Teatro Chino de Grauman cuando tropezó y estampó sus huellas en cemento fresco, lo que fue aprovechado por los propietarios de la sala para implantar una tradición que, ocho décadas después, sigue siendo un honor para cualquier actor de Hollywood que se precie.

                                                                                                                           by espensorvik
Grauman’s Chinese Theatre in Hollywood by espensorvik, on Flickr
Fachada del Teatro Chino de Grauman

Otros dicen que Jean Klossner, constructor de la obra, tenia por costumbre dejar sus huellas en cada trabajo y cuando lo vió su propietario, Sid Grauman, ideó sacar partido del asunto invitando a la flor y nata de la ciudad a hacer lo mismo. Eso explicaría que la primera ceremonia fuese la de los actores y copropietarios del Teatro Chino, Douglas Fairbanks y Mary Pickford, celebrandose la de Talmadge un mes más tarde.  
                                                                                                                            

                                                       by carbonated
norma talmadge ostrich plumes, 1919 by carbonated, on Flickr 
Norma Talmadge
La cosa llegó a tener tal éxito que, además de los fines propagandísticos con que se impulsó la idea, cada ceremonia se convertía en un espectáculo en sí misma. Por un momento, centenares de curiosos, cinéfilos, niños y mayores podían estar más cerca de sus admiradas estrellas de lo que nunca imaginaron. Es fácil suponer que alguno sufriría taquicardias en uno de los días más gloriosos del evento, que tuvo lugar el 24 de julio de 1942. Nada menos que este reparto de actores inmortalizó su impronta a las puertas del teatro en esa fecha: Charles Boyer, Charles Laughton, Rita Hayworth, Henry Fonda y Edward G. Robinson. ¡Ahí es nada!


                                                                                                                                                                                                                           by Martin & Julia
Los Angeles 2010 by Martin & Julia, on Flickr
Pies y puño de John Wayne
Pero a lo largo de los años no todos los protagonistas se han limitado a marcar pies y manos sobre el cemento. Dos centenares de ceremonias han dado para mucho. Desde ver a John Barrymore hundiendo el perfil de su cara hasta Jimmy Durante apretando contra la mezcla su famosa nariz. Betty Grable dejó como recuerdo imborrable la señal de una  de sus piernas y el duro John Wayne la impronta de su puño. Harold Lloyd dibujó sus gafas y Groucho Marx estampó la marca de su inseparable puro.  


                           


Hoy día, el Teatro Chino de Grauman continúa siendo el marco elegido para el estreno mundial de numerosas peliculas y aún acoge ceremonias de las huellas, ahora abiertas a otros famosos que nada tienen que ver con el Séptimo Arte. No obstante, la Historia del Cine plasmada sobre el cemento durante décadas seguirá atrayendo cada año a miles de curiosos.



lunes, 16 de mayo de 2011

LA CENA DE LOS IDIOTAS

¿Qué tiene en común una pandilla de burgueses que cada miércoles se reune a cenar para mofarse del tipo más estúpido que puedan convidar al evento? Pues ser personas de lo más arrogante, cuya prepotencia puede abocarles a convertirse en el cazador cazado. Este podría ser un breve resumen de la divertida historia que contiene La cena de los idiotas, exitoso largometraje francés de 1998 donde su director, Francis Veber, llevó a la gran pantalla una obra teatral de cosecha propia.

Pierre Brochant (Thierry Lhermitte), un brillante editor que estuvo a punto de ser interpretado por Gerard Depardieu, capta al simplón y bienintencioado François Pignon (Jacques Villeret) bajo el pretexto del fingido interés en publicar un libro acerca de las reproducciones de monumentos emblemáticos construidas por éste con miles de cerillas.  

Pura y dura comedia de situación -entre las mejores del reputado cine cómico francés- que se va complicando conforme avanza el metraje, gracias a unos diálogos ingeniosos que le dan rapidez y frescura. Eso no impide que nos paremos a pensar en su trasfondo: el reproche a toda una clase de adinerados triunfadores que van por ahí mirando al resto de la humanidad por encima del hombro. Y es que la historia me parece tan divertida como cruel, tal vez porque nunca he soportado la falta de respeto gratuita hacia el prójimo, por muy estúpido e irritante que éste sea. No parece, sin embargo que la idea cale en el yuppie protagonista, que trata de justificarse ante su esposa cuando le dice: "¿Qué hay de divertido en invitar a un infeliz para burlarse de él?" Mientras, él responde; “No es un infeliz, es un idiota. ¿Qué hay de malo en reirse de un idiota? Para eso están.”


Hasta el físico de los protagonistas les distingue con claridad. El tonto es bajito, gordo y calvo y si conserva algo de pelo sólo sirve para darle una apariencia más ridícula. El listo, en cambio, es bien parecido, ojos azules, alto, delgado y claro está, con toda su cabellera. Ahora bien, lo que más distancia a ambos es su interior y pese a que pudiera parecer que también el yuppie gana en inteligencia, puede que sea más avispado que Pignon, pero sobre todo le gana en osadía e imprudencia, lo que termina por convertirle a la postre, no sólo en peor persona sino en el más tonto de los dos.

La-cena-de-los-idiotas

Por mi parte, no puedo hacer otra cosa que recomendar La cena de los idiotas a quienes esperen pasar un rato divertido lejos de las preocupaciones de la vida diaria y comentaros, para terminar, un par de curiosidades. La primera es que muchas de las peliculas escritas y dirigidas por Francis Veber tienen como protagonista al siempre incauto, torpe e inocente François Pignon, aunque varíe el actor que le da vida. Y la segunda que, a causa del éxito alcanzado, se hayan hecho después versiones tan dispares como la hollywoodiense La cena ó la llevada a cabo por la factoría Bollywood bajo el título Bheja Fry.

Y aunque no sea muy dado a repartir consejos, si un desconocido os invita a comer con sus amigos, yo que vosotros declinaría amablemente la invitación, por lo que pudiera pasar.  

miércoles, 11 de mayo de 2011

EL HOMBRE QUE SABÍA DEMASIADO


Como luego hiciera en Cortina rasgada con Julie Andrews, Alfred Hitchcock se decantó por una protagonista de corte amibarado para El hombre que sabía demasiado, en detrimento de su prototipo de mujer rubia más o menos fría y misteriosa. A mi juicio, la elección estuvo aquí más justificada, al poner el énfasis en mostrar, antes que a una mujer enamorada, a una madre empeñada por encontrar a su repelente vástago, secuestrado porque un espía moribundo ha revelado casualmente a su padre los planes para ejecutar un magnicidio en la capital británica. La elegida fue la actriz norteamericana Doris Day, quien da vida en la ficción a la despierta esposa del doctor McKenna (James Stewart). 

Es una leyenda viva de Hollywood, de esa clase de artistas en toda la extensión del término, pues lo mismo baila que canta o interpreta, pero siento decir que esta vez no la encuentro a la altura de su compañero. Parecería injusto señalar que está mal en el papel, si bien la reconozco algo sobreactuada y, más que nada, chirría verla fuera de su hábitat, el de las comedias y musicales que la hicieran tan popular. 
                                                                   
En esta historia de espías, desarrollada a caballo entre Marrakech y Londres, sorprende la manera en que describe la primera de aquellas ciudades, su luz, esencia y colorido, bien captados por el genio británico, tan ajeno en principio a aquellas latitudes. Aunque estaba menos orgulloso, en 1934 firmó una versión más modesta de este largometraje durante su etapa británica, pero ambientada en un lugar tan contrapuesto a Marruecos como los Alpes suizos.

Man Who Knew Too Much, The x06                                                                                                                                                                                                 by newhousedesign

Personalmente, me encantan las secuencias en el taller del taxidermista Ambrose Chapell, rodadas en los escenarios reales del taller de "Edward Gerrard & sons", famosa firma londinense -ya desparecida- que durante años suministró material para el atrezo de muchas películas. El primer encuentro de James Stewart con el señor Chapell padre, equiparado a un pelícano disecado y luego con el hijo, un tigre rugiente, preceden al forcejeo alrededor de un pez sierra, leones, pájaros y leopardos que pone el toque de humor inglés entre el suspense que rodea toda la cinta. En realidad, el personaje de Stewart, que medía casi dos metros, había aportado antes unas notas de humor con sus dificultades para sentarse a comer en un restaurante marroquí.




De otro lado, sería imperdonable no recordar la maestría de Hitchcock para elaborar escenas de gran tensión en espacios como cines, teatros o salas de conciertos abarrotados de público, lo que tiene lugar en varios de sus títulos como Sabotaje, Cortina rasgada y 39 escalones. Por ello, no es de extrañar que El hombre que sabía demasiado nos regale lo mejor de la película en el interior del Royal Albert Hall de Londres: nueve minutos sin una sóla linea de diálogo en los que se concatenan decenas de planos fijos bajo el único acompañamiento musical de la obra que se interpreta durante el desarrollo de la trama, sugiriendo un claro homenaje al cine mudo.

Además, este largometraje se hizo con el Oscar a mejor canción, por el recordado "Que será, será", cantado a regañadientes por  Doris Day en dos pasajes del largometraje y en el que nada tuvo  que ver Bernard Hermann, que también  rescató parte de la música de la primera versión de 1934.


      
No quiero terminar sin hacer mención a un par de curiosidades que rodean esta película. La primera de ellas es que no sólo cuenta con el tradicional cameo de su director (aparece de espaldas viendo un espectáculo acrobático en el mercado), sino que el gran Bernard Hermann se encarnó a sí mismo mientras dirigía a la Sinfónica de Londres. La segunda es el hotel La Mamounia donde se aloja la familia protagonista en Marrakech, que existía en realidad y hoy sigue siendo uno de los más conocidos y lujosos del país.


lunes, 9 de mayo de 2011

RESULTADOS DE LA ENCUESTA ¿QUÉ PELÍCULA GANÓ EL OSCAR MÁS INMERECIDO DE SU AÑO?


Teníais cinco opciones para elegir la más injusta ganadora del Oscar a mejor película:

- Año 1940. Ganadora: Rebecca. Nominadas: El cielo y tú, La carta, Historias de Filadelfia, Enviado especial, Las uvas de la ira, Hombres intrépidos, El gran dictador, Our town y Espejismo de amor

- Año 1952. Ganadora: El mayor espectáculo del mundo. Nominadas: El hombre tranquilo, Ivanhoe, Moulin Rouge y Solo ante el peligro.   

- Año 1963. Ganadora: Tom Jones. Candidatas: Cleopatra, América, América, La conquista del Oeste y Los lirios del valle.

- Año 1980. Ganadora: Gente corriente. Candidatas: Toro salvaje, El hombre elefante, Quiero ser libre y Tess.

- Año 1986:, Ganadora: Platoon. Candidatas: Hannah y sus hermanas, Hijos de un Dios menor, Una habitación con vistas y La Misión.

La cosa se ha decantado claramente por El mayor espectáculo del mundo, que con un 41% de los vostos habéis considerado la menos indicada entre todas para hacerse con el premio. Algo de esperar teniendo en  cuenta que dejó en la cuneta a dos títulos grandiosos como El hombre tranquilo de John Ford y el western Solo ante el peligro aunque, al menos, no se fueron de la gala de vacío, con dos y cuatro estatuillas, respectivamente.

El segundo puesto, con el 27% de vuestras opiniones es para Gente corriente, que se impuso a mi favorita de ese año, Toro Salvaje.

Por último, en la parte baja se ha producido un curioso triple empate, aunque no cabe duda que películas como La Misión, Cleopatra, La conquista del Oeste, Hannah y sus hermanas, Las uvas de la ira o El gran dictador fueran duras rivales para Platoon, Tom Jones y Rebecca. Precisamente esta última, auque sea un largometraje mítico, tenía un verdadero papelón en su edición de los premios a tenor de lo espectacular de la competencia.

Y hasta aquí el resultado de vuestras opiniones. En breve llegará la nueva encuesta que ya está lista para ser presentada. Gracias a todos.   

lunes, 2 de mayo de 2011

QUE EL CIELO LA JUZGUE

El melodrama pasó a la historia pero, de vez en cuando, hay un momento adecuado para repasar o descubrir alguno de ellos. No cabe duda que entre los puntales del género se sitúa bien arriba Que el cielo la juzgue, película de 1945 considerada la obra maestra de su director, John M. Stahl, y un prodigio del Technicolor, por cuya fotografía Leon Shamroy se hizo con su tercer Oscar en dicha categoría. Además, para que vamos a engañarnos, cualquier ocasión es buena para el deleite con la agradable visión de Gene Tierney.

Gene Tierney
                                                                                                                                                                                                           by ondiraiduveau

Tierney es Ellen, una rica malcriada con complejo de Electra que se casa tan rápido con el escritor Richard Harland (Cornel Wilde) que él no estaba al corriente cuando se anuncia el enlace. Sin embargo, nunca podrá ser feliz, porque lo quiere sólo para ella y no soporta que otras personas den afecto al títere de su marido, que no  es más que la pantalla donde proyecta el espectro de su adorado padre muerto. No sigo contando, por si acaso, pero ya os digo que la buena de Ellen no se detendrá ante nada ni ante nadie para conseguir su propósito. 

Cornel Wilde, un habitual y acartonado actor de reparto en el cine negro y de aventuras, tuvo ocasión de elaborar el mejor papel de su irregular carrera. 1945 fue su año, porque también se metió en la piel de Chopin en Canción inolvidable, lo que le valíó la única nominació al Oscar.


Completa el plantel, entre otros, Vincent Price, repitiendo el papel del año anterior como novio de Gene Tierney en la imprescindible Laura de Otto Preminger. Ahora sólo es el prometido despechado que ella abandona sin más explicaciones para casarse velozmente con Richard. A la larga esas cosas se pagan, porque ya le advirtió que él sólo ama una vez y claro, cualquiera hace enfadar al imponente Vincent Price.

Jeanne Crain (Carta a tres esposas, Pinky, Los caballeros se casan con las morenas) es la hermana de Ellen, a quien toca sufrir como uno de los principales objetivos de su ira. Es la buena de la película y, como no, lo pasa bastante mal. Pero en eso no tiene la exclusiva, porque Danny, el hermanastro minusválido de Richard también llevará lo suyo. El pimpollo, que no lo hace nada mal, es el olvidado Darryl Hickman y en su infancia y juventud tuvo oportunidad de estar presente en títulos como Las uvas de la ira, Té y simpatía, La ciudad de los muchachos y El extraño amor de Martha Ivers

También Alfred Newman colabora lo suyo -literalmente a bombo y platillo- con el rimbombante acompañamiento musical que requería este tipo de película, incrementando así los momentos de climax melodramático.

 
De otro lado, siempre me ha hecho gracia que en este subgénero, donde Que el cielo la juzgue no es la excepción, todo el mundo y en especial las señoras, aparezca emperifollado hasta el extremo para llevar a cabo las tareas más banales. Por ejemplo, no tiene desperdicio el atuendo de la protagonista y su familia a su llegada, entre abrigos de pieles y sombreros, a un rancho de Nuevo Méjico donde, por otro lado, parece que haga bastante calor, pues ella se da un refrescante baño en el estanque poco después. Y tambien cuando Tierney prepara la comida en su campestre cabaña del lago o se levanta de la cama enjoyada, peinada y pintada como una puerta con unos camisones que podría haber llevado a una gala de los Oscar. Un presupuesto de cinco millones de dólares de la época se tiene que notar por algún lado, entre otras cosas en los veinticuatro modelitos que luce la estrella principal y que, por curiosidad, me he molestado en contar.

No quiero olvidar dar gracias a quien corresponda por el respeto al título original, "Leave her to heaven", que tanto se prestaba al gusto por ser traducido de cualquier manera. Soy un poco maniático con esas cosas y me irrita ver cómo se destrozan innecesariamente. En este caso, la traducción española es incluso mejor que la literal, algo así como "Dejádsela al cielo", pero si no me creéis aqui os dejo algunos ejemplos de la profanación en algunos paises:
Francia.- Pecado mortal
Brasil.- Amar fue mi ruina
Alemania.- Pecados capitales


 

En definitiva, nunca está de más repasar o descubrir Que el cielo la juzgue, aunque sólo sea por contemplar las escenas del paseo en barca por el lago y para darnos cuenta de que pertenece a una extinta forma de hacer cine que nunca volverá.

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