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lunes, 27 de junio de 2011

ENCUESTA: EPITAFIOS DE CINE

Tumba                                                                                                                                                       by jlastras

Leí por algún lado que María Isbert había mandado instalar sobre su tumba la inscripción "Por fin descanso". Eso me recordó que son muchos los actores, autores, guionistas y directores que quisieron dejar su impronta después de abandonar este mundo. No obstante, es cuestión debatida si alguno de los epitafios más conocidos son ciertos ó, por el contrario, se trata del resultado de leyendas urbanas. Más aún, os adelanto que uno de los que participa en esta encuesta  fue ideado por su propio usuario (Alfred Hitchcock), pero nadie se atrevió a colocarlo en su último lecho y que los atribuidos a Groucho Marx y Molière nunca existieron. En el caso de Orson Welles no está claro, pués sus restos reposan en la finca privada que el torero Antonio Ordoñez tenía en Ronda (Málaga). En todo caso, se trata de epílogos definitorios de la personalidad de cada uno de los que reposa debajo.


Que conste que esta encuesta no tiene connotaciones macabras o morbosas. Simplemente, es una manera de dejar en evidencia que la relación de la sociedad contemporánea con sus muertos cada vez es más estúpida. Hoy día, nuestra reacción frente a la muerte es no hablar de ella, creando un nuevo tabú que antes no existía. Y donde se crea un tema prohibido no hay duda que la sociedad presenta un síntoma de retroceso. Bueno, vamos allá con el resultado de las votaciones que habéis ido dejando en la página principal de Los ojos del kinetoscopio:

1º. Aquí yace Molière el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto y de verdad que lo hace bien (Moliére). 38% de los votos.

2º. Perdone que no me levante (Groucho Marx). 28% de los votos. 

. Lo hizo del modo difícil (Bette Davis). 14% de los votos

4º. Esto es lo que les pasa a los chicos malos (Alfred Hitchcock). 9% de los votos.

5º. No es que yo fuera superior. Es que los demás eran inferiores (Orson Welles). 9% de los votos.

Hasta la próxima encuesta y gracias, como siempre, por vuestra participación. 


domingo, 19 de junio de 2011

ANTONIO MORENO, PIONERO EN HOLLYWOOD


Antonio-Moreno
A veces perdemos, con una facilidad pasmosa, nuestra capacidad para atisbar lo que se muestra dos palmos más alla de nuestras narices. Tal vez sea por eso que muchos piensan en Antonio Banderas como el primer actor español que alcanzó el éxito en la meca del Cine. Sin embargo. mucho antes hubo otros, como su tocayo Antonio Moreno, pionero en Hollywood desde su llegada a principios del siglo XX.

Este actor madrileño, cuyo nombre real era Antonio Garrido, fue empujado por la necesidad a probar fortuna en la incipiente industria cinematográfica norteamericana. Emigró siendo muy joven y mientras desempeñaba trabajos de lo más variopinto comenzó a hacer teatro, hasta que en 1912 empezó su carrera en el cine mudo, donde rápidamente se desenvolvería como pez en el agua en papeles principales, entre compañeros de la talla de Lionel Barrymore, Mary Pickford, Lilian Gish, Gary Cooper y Greta Garbo.


Crestmount
Crestmount

Ayudado por su aspecto físico, llegó a convertirse en uno de los primeros latin lovers de Hollywood, dentro y fuera de las pantallas, sin que su éxito tuviera mucho que envidiar al del mismísimo Rodolfo Valentino. Tal vez por eso contrajo matrimonio en 1923 con la multimillonaria Daisy Canfield, junto a la que se instaló en la mítica mansión Crestmount. Allí, la flor y nata de la industria acudía con frecuencia a las que tenían merecida fama de ser las mejores fiestas de Hollywood, en los tiempos en los que Moreno vivía en la cresta de la ola y no paraba de trabajar.

Apoyado en la desahogada situación económica que le proporcionaba su prolífica y exitosa carrera, con la llegada del cine sonoro se produjo un parón en su trayectoria profesional, pues su marcado acento español le inhabilitaba para muchos papeles, aunque nunca dejara totalmente sus apariciones ante las cámaras. Aún no siendo comparable con su etapa de gran estrella del cine mudo,  unos años después resurgió dentro del consolidado cine sonoro, interviniendo en películas como Encadenados de Alfed Hitchcock, The black lagoon (rodada en 3D) ó Centauros del desierto, de John Ford.




El punto y final a una vida de película tuvo lugar en Beverly Hills en 1967, cuando ya se había retirado definitivamente del Cine una década antes. Aunque había regresado puntualmente a España en los años treinta para protagonizar María de la O, al lado de Pastora Imperio y Carmen Amaya, la trayectoria de Antonio Moreno sirve como botón de muestra de aquello tan español de que uno no puede ser profeta en su tierra, donde son pocos quienes vagamente recuerdan su existencia.



jueves, 9 de junio de 2011

RECUERDOS DE VIAJE

Hoy mismo comienzo una escapada furtiva, que me viene de cine. Así que voy a estar "fuera de cobertura" hasta finales de la próxima semana, cuando Los ojos del kinetoscopio volverá a la carga. Eso, claro está, si la ciudad de la luz y del amor y de nosecuantas cosas más no acaba conmigo antes.

Lo cierto es que mientras rebuscaba la cámara, en el fondo del armario donde siempre creo tener todo localizado (pobre de mi), recordé que el pasado verano había tomado algunas fotos de los más cinematográficas en mi penúltima escapada a Sicilia e Islas Eolias. Así que, en mi ausencia, os dejo algunas de aquellas imágenes que quiero compartir con vosotros, no sin antes pedir disculpas por la calidad técnico-artística de todas ellas. ¡Hasta la vuelta!


                                         
Escalinata del Teatro Massimo de Palermo, escenario de la trágica muerte de la hija de Michael Corleone en El Padrino III.



Playa y casa de Pablo Neruda en El cartero y Pablo Neruda.



Algunas escenas de Ocean´s twelve se rodaron en esta idílica cala de la costa siciliana.




¿Quién no recuerda el cine de verano en barca frente a las casas apiñadas de Cefalú que nos descubrió Cimema Paradiso?  




Stromboli, tierra de Dios, y si no que se lo pregunte a Roberto Rosellini e Ingrid Bergman, quienes iniciaron en esta casa una escandalosa relación adúltera mientras rodaban en la isla su primera película juntos. 



Vulcano, protagonizada por Anna Magnani (no confundir con la película de catástrofes clasificada dentro de mis Pestuños de sobremesa), también se rodó en este pueblecito pesquero de la isla de Salina, un lugar de lo más recomendable. 



jueves, 2 de junio de 2011

LA HEREDERA


Aunque no le costó demasiado trabajo, fue Olivia de Havilland quien convenció a William Wyler para rodar La heredera, después de asistir entusiasmada a la representación de la obra teatral Washington Square, inspirada en la novela homónima de Henry James. Su protagonista es Catherine Sloper, una joven soltera y retraida que forma parte de la alta sociedad neoyorkina decimonónica y vive en el número 16 de Washington Square entre el yugo de su padre, el férreo doctor Sloper, y la alargada sombra de su difunta madre. Al menos su tía Lavinia da un poco de oxígeno a Catherine, abriendo para ella las anquilosadas puertas del amor al poner en su camino a Morris Townsend, un apuesto pretendiente. Pero pronto sobrevolarán la relación las dudas sobre las verdaderas intenciones del joven y la oposición paterna, que no iba a ser todo un camino de rosas. No obstante, advierto a quienes no hayan visto La heredera que no esperen de ella una trama argumental trepidante porque su encanto reside, precisamente, en ir descubriendo la verdadera personalidad de sus personajes por pequeños gestos y manifestaciones sutiles que terminarán por componer el íntimo retrato interno de cada uno de ellos. No en vano, esta es una de las características principales de la obra de Henry James, poco amigo de la descripción directa de sus personajes y más de hacerlo a través de sus decisiones y por los diálogos que mantienen entre sí. El propio Wyler, que materializa aquí uno de sus mejores trabajos, captó la esencia de la historia de tal forma que llegó a describir La heredera de este modo: "La emoción y el conflicto entre dos personas en un salón puede ser tan excitante como en un campo de batalla. Posiblemente más excitante".


La película es un refinado y minucioso retrato de la buena sociedad que poblaba Manhattan a mediados del siglo XIX y su ambiente victoriano, hermético y agobiante. Y para lograrlo podemos imaginar pocos directores como William Wyler, cuya filmografía se caracteriza tanto por la previsión de los más mínimos detalles como por su legendaria aversión a la improvisación, lo que le hacía capaz de rodar hasta la saciedad cualquier toma que ya hubiera quedado impecable. Y si no que se lo pregunten a la mismísima Bette Davis cuando rodó una de las escenas de Jezabel más de treinta veces. Por eso no me extraña que Wyler hiciera que Olivia de Havilland repitiera una y otra vez un pasaje importante de La heredera en que debía subir con una maleta las interminables escaleras de su casa hasta que, hastiada, la tiró al suelo y se abrió. Como el director se percató de que estaba vacía, la hizo llenar con mucho peso, con lo que logró acrecentar la sensación buscada de cansancio y abatimiento en la actriz, que casi no podia con ella.

 Un reparto de auténtico lujo otorga a Olivia de Havilland (Catherine Sloper) y Montgomery Clift (Morris Townsted) los papeles principales, mientras que las soberbias interpretaciones de Ralph Richardson (Dr. Austin Sloper) y Miriam Hopkins (tía Lavinia) sustentan los roles secundarios. 

El inestable Monty Clift, recién aterrizado en el Séptimo Arte, mantuvo durante el rodaje una relación muy tensa con sus compañeros y el resto del equipo, con los que apenas se hablaba. Se obsesionó con que Ralph Richardson y Miriam Hopkins intentaban robarle planos en cada escena y también se quejaba de que Olivia de  Havilland era tan perfeccionista que le desconcentraba a la hora de darle correctamente la réplica en sus escenas conjuntas . Sin embargo, la comentada insistencia de Wyler por la repetición machacona de escenas y el hecho de ser todavía una promesa que luchaba por darse a conocer entre el gran público hicieron que este limitado actor culminara una de sus mejores interpretaciones, al menos, desde mi personal punto de vista. Sólo más tarde llegaría el agravamiento de sus problemas mentales, el alcoholismo y el accidente que le desfiguró la cara, pero esa es otra historia.




En cuanto a Olivia de Havilland, nos regala una de las mejores interpretaciones de su carrera, lo que no es decir poca cosa. Una vez vista en la piel de la señorita Sloper, no sería capaz de imaginar a nadie mejor para mostrar la esencia del personaje, más  aún si se tiene la oportunidad de disfrutar la versión original no doblada. La sumisión, su irritante inocencia, los miedos, la decepción contenida, la dignidad e incluso la crueldad de la heredera queda patente gracias a ella y su cuidado trabajo de expresión verbal y corporal, que nos muestra la compleja evolución que padece Catherine a lo largo del metraje. No hay más que comprobar sus miradas ó la forma en que retira el cuerpo hacia atrás mientras Morris la corteja, en un intento denodado por guardar el debido decoro y por su miedo a lo desconocido.



Por su parte, Sir Ralph Richardson, reputado actor británco de cine y teatro está magnífico como el irónico y cruel Austin Sloper, aunque jugaba con la ventaja de llevar a sus espaldas un montón de representaciones de la versión teatral de La heredera en Londres. Además, el hecho de ser un actor de caracter, seguro de sí mismo, vino como anillo al dedo al papel, pese a que ese temperamento chocara en ocasiones con el del director a la hora de tomar las decisiones respecto al enfoque propicio para su doctor Sloper.



El broche a este plantel lo pone Miriam Hopkins como tía Lavinia, una Celestina díscola y soñadora, mucho más desenfadada que su sobrina a pesar de su edad. La estrella de Hopkins había  brillado con fuerza durante los años treinta, momento a partir del cual su carrera empezó el declive y se centró en el teatro. Eso no fue impedimento para que viviera una segunda etapa en la gran pantalla interviniendo puntualmente en grandes títulos como éste, la divertida Casado y con dos suegras ó La jauría humana.



La partitura musical se dejó con acierto en las manos de Aaron Copland, que no podía negar su sólida formación y trayectoria como compositor de música clásica, aunque por entonces ya contara con dos nominaciones al Oscar por sendas bandas sonoras. Por cierto que, hablando de música, hay un momento del largometraje donde Montgomery Clift le canta a Olivia de Havilland el tema "Plaisir d'amour", una antigua canción francesa que muchos años despues se convertiria en el "Cant help falling in love" que popularizara Elvis Presley. El plagio es evidente, aunque los autores del tema del rey del rock sólo reconocieron una "inspiración" en el tema original. A mi no me deja muchas dudas, pero juzgad vosotros mismos:




Por esta vez, podemos afirmar que la película fue agraciada con abundantes y merecidos reconocimentos, entre los que destacan cuatro premios Oscar a la dirección artística, banda sonora, actriz (Olivia de Havilland) y vestuario, así como nominaciones a mejor pelicula, director y actor de reparto (Ralph Richardson). Además, alcanzó el éxito en los  Globos de Oro con el recibido por Olivia de Havilland y las nominaciones alcanzadas por Miriam Hopkins como mejor actriz de reparto y William Wyler como director.

                                                 by mueredecine
LA HEREDERA

No quiero finalizar sin subrayar una de las virtudes más destacables de esta película, que no es otra que la sutileza de su puesta en escena, consiguiendo mostrarnos en cada visionado detalles que antes pueden pasar desapercibidos como, por ejemplo, la primera aparición de los personales principales o las tomas realizadas a través de los espejos de la casa. Además, La heredera cuenta con uno de mis finales favoritos de todos los tiempos pero que, fiel a mis principios, no puedo desvelar por lo que animo a quien no la haya visto a hacerlo en cuanto tenga ocasión.


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