A veces perdemos, con una facilidad pasmosa, nuestra capacidad para atisbar lo que se muestra dos palmos más alla de nuestras narices. Tal vez sea por eso que muchos piensan en Antonio Banderas como el primer actor español que alcanzó el éxito en la meca del Cine. Sin embargo. mucho antes hubo otros, como su tocayo Antonio Moreno, pionero en Hollywood desde su llegada a principios del siglo XX.
Este actor madrileño, cuyo nombre real era Antonio Garrido, fue empujado por la necesidad a probar fortuna en la incipiente industria cinematográfica norteamericana. Emigró siendo muy joven y mientras desempeñaba trabajos de lo más variopinto comenzó a hacer teatro, hasta que en 1912 empezó su carrera en el cine mudo, donde rápidamente se desenvolvería como pez en el agua en papeles principales, entre compañeros de la talla de Lionel Barrymore, Mary Pickford, Lilian Gish, Gary Cooper y Greta Garbo.
| Crestmount |
Ayudado por su aspecto físico, llegó a convertirse en uno de los primeros latin lovers de Hollywood, dentro y fuera de las pantallas, sin que su éxito tuviera mucho que envidiar al del mismísimo Rodolfo Valentino. Tal vez por eso contrajo matrimonio en 1923 con la multimillonaria Daisy Canfield, junto a la que se instaló en la mítica mansión Crestmount. Allí, la flor y nata de la industria acudía con frecuencia a las que tenían merecida fama de ser las mejores fiestas de Hollywood, en los tiempos en los que Moreno vivía en la cresta de la ola y no paraba de trabajar.
Apoyado en la desahogada situación económica que le proporcionaba su prolífica y exitosa carrera, con la llegada del cine sonoro se produjo un parón en su trayectoria profesional, pues su marcado acento español le inhabilitaba para muchos papeles, aunque nunca dejara totalmente sus apariciones ante las cámaras. Aún no siendo comparable con su etapa de gran estrella del cine mudo, unos años después resurgió dentro del consolidado cine sonoro, interviniendo en películas como Encadenados de Alfed Hitchcock, The black lagoon (rodada en 3D) ó Centauros del desierto, de John Ford.
El punto y final a una vida de película tuvo lugar en Beverly Hills en 1967, cuando ya se había retirado definitivamente del Cine una década antes. Aunque había regresado puntualmente a España en los años treinta para protagonizar María de la O, al lado de Pastora Imperio y Carmen Amaya, la trayectoria de Antonio Moreno sirve como botón de muestra de aquello tan español de que uno no puede ser profeta en su tierra, donde son pocos quienes vagamente recuerdan su existencia.


