Aunque no le costó demasiado trabajo, fue Olivia de Havilland quien convenció a William Wyler para rodar La heredera, después de asistir entusiasmada a la representación de la obra teatral Washington Square, inspirada en la novela homónima de Henry James. Su protagonista es Catherine Sloper, una joven soltera y retraida que forma parte de la alta sociedad neoyorkina decimonónica y vive en el número 16 de Washington Square entre el yugo de su padre, el férreo doctor Sloper, y la alargada sombra de su difunta madre. Al menos su tía Lavinia da un poco de oxígeno a Catherine, abriendo para ella las anquilosadas puertas del amor al poner en su camino a Morris Townsend, un apuesto pretendiente. Pero pronto sobrevolarán la relación las dudas sobre las verdaderas intenciones del joven y la oposición paterna, que no iba a ser todo un camino de rosas. No obstante, advierto a quienes no hayan visto La heredera que no esperen de ella una trama argumental trepidante porque su encanto reside, precisamente, en ir descubriendo la verdadera personalidad de sus personajes por pequeños gestos y manifestaciones sutiles que terminarán por componer el íntimo retrato interno de cada uno de ellos. No en vano, esta es una de las características principales de la obra de Henry James, poco amigo de la descripción directa de sus personajes y más de hacerlo a través de sus decisiones y por los diálogos que mantienen entre sí. El propio Wyler, que materializa aquí uno de sus mejores trabajos, captó la esencia de la historia de tal forma que llegó a describir La heredera de este modo: "La emoción y el conflicto entre dos personas en un salón puede ser tan excitante como en un campo de batalla. Posiblemente más excitante".
La película es un refinado y minucioso retrato de la buena sociedad que poblaba Manhattan a mediados del siglo XIX y su ambiente victoriano, hermético y agobiante. Y para lograrlo podemos imaginar pocos directores como William Wyler, cuya filmografía se caracteriza tanto por la previsión de los más mínimos detalles como por su legendaria aversión a la improvisación, lo que le hacía capaz de rodar hasta la saciedad cualquier toma que ya hubiera quedado impecable. Y si no que se lo pregunten a la mismísima Bette Davis cuando rodó una de las escenas de Jezabel más de treinta veces. Por eso no me extraña que Wyler hiciera que Olivia de Havilland repitiera una y otra vez un pasaje importante de La heredera en que debía subir con una maleta las interminables escaleras de su casa hasta que, hastiada, la tiró al suelo y se abrió. Como el director se percató de que estaba vacía, la hizo llenar con mucho peso, con lo que logró acrecentar la sensación buscada de cansancio y abatimiento en la actriz, que casi no podia con ella.
Un reparto de auténtico lujo otorga a Olivia de Havilland (Catherine Sloper) y Montgomery Clift (Morris Townsted) los papeles principales, mientras que las soberbias interpretaciones de Ralph Richardson (Dr. Austin Sloper) y Miriam Hopkins (tía Lavinia) sustentan los roles secundarios.
El inestable Monty Clift, recién aterrizado en el Séptimo Arte, mantuvo durante el rodaje una relación muy tensa con sus compañeros y el resto del equipo, con los que apenas se hablaba. Se obsesionó con que Ralph Richardson y Miriam Hopkins intentaban robarle planos en cada escena y también se quejaba de que Olivia de Havilland era tan perfeccionista que le desconcentraba a la hora de darle correctamente la réplica en sus escenas conjuntas . Sin embargo, la comentada insistencia de Wyler por la repetición machacona de escenas y el hecho de ser todavía una promesa que luchaba por darse a conocer entre el gran público hicieron que este limitado actor culminara una de sus mejores interpretaciones, al menos, desde mi personal punto de vista. Sólo más tarde llegaría el agravamiento de sus problemas mentales, el alcoholismo y el accidente que le desfiguró la cara, pero esa es otra historia.
En cuanto a Olivia de Havilland, nos regala una de las mejores interpretaciones de su carrera, lo que no es decir poca cosa. Una vez vista en la piel de la señorita Sloper, no sería capaz de imaginar a nadie mejor para mostrar la esencia del personaje, más aún si se tiene la oportunidad de disfrutar la versión original no doblada. La sumisión, su irritante inocencia, los miedos, la decepción contenida, la dignidad e incluso la crueldad de la heredera queda patente gracias a ella y su cuidado trabajo de expresión verbal y corporal, que nos muestra la compleja evolución que padece Catherine a lo largo del metraje. No hay más que comprobar sus miradas ó la forma en que retira el cuerpo hacia atrás mientras Morris la corteja, en un intento denodado por guardar el debido decoro y por su miedo a lo desconocido.
Por su parte, Sir Ralph Richardson, reputado actor británco de cine y teatro está magnífico como el irónico y cruel Austin Sloper, aunque jugaba con la ventaja de llevar a sus espaldas un montón de representaciones de la versión teatral de La heredera en Londres. Además, el hecho de ser un actor de caracter, seguro de sí mismo, vino como anillo al dedo al papel, pese a que ese temperamento chocara en ocasiones con el del director a la hora de tomar las decisiones respecto al enfoque propicio para su doctor Sloper.
El broche a este plantel lo pone Miriam Hopkins como tía Lavinia, una Celestina díscola y soñadora, mucho más desenfadada que su sobrina a pesar de su edad. La estrella de Hopkins había brillado con fuerza durante los años treinta, momento a partir del cual su carrera empezó el declive y se centró en el teatro. Eso no fue impedimento para que viviera una segunda etapa en la gran pantalla interviniendo puntualmente en grandes títulos como éste, la divertida Casado y con dos suegras ó La jauría humana.
La partitura musical se dejó con acierto en las manos de Aaron Copland, que no podía negar su sólida formación y trayectoria como compositor de música clásica, aunque por entonces ya contara con dos nominaciones al Oscar por sendas bandas sonoras. Por cierto que, hablando de música, hay un momento del largometraje donde Montgomery Clift le canta a Olivia de Havilland el tema "Plaisir d'amour", una antigua canción francesa que muchos años despues se convertiria en el "Cant help falling in love" que popularizara Elvis Presley. El plagio es evidente, aunque los autores del tema del rey del rock sólo reconocieron una "inspiración" en el tema original. A mi no me deja muchas dudas, pero juzgad vosotros mismos:
Por esta vez, podemos afirmar que la película fue agraciada con abundantes y merecidos reconocimentos, entre los que destacan cuatro premios Oscar a la dirección artística, banda sonora, actriz (Olivia de Havilland) y vestuario, así como nominaciones a mejor pelicula, director y actor de reparto (Ralph Richardson). Además, alcanzó el éxito en los Globos de Oro con el recibido por Olivia de Havilland y las nominaciones alcanzadas por Miriam Hopkins como mejor actriz de reparto y William Wyler como director.
by mueredecine
No quiero finalizar sin subrayar una de las virtudes más destacables de esta película, que no es otra que la sutileza de su puesta en escena, consiguiendo mostrarnos en cada visionado detalles que antes pueden pasar desapercibidos como, por ejemplo, la primera aparición de los personales principales o las tomas realizadas a través de los espejos de la casa. Además, La heredera cuenta con uno de mis finales favoritos de todos los tiempos pero que, fiel a mis principios, no puedo desvelar por lo que animo a quien no la haya visto a hacerlo en cuanto tenga ocasión.






