En estos tiempos que corren, donde muchas cadenas televisivas dejan tanto que desear, se revitalizan las palabras que la diva les dedicó hace ya varias décadas:
"La televisión es maravillosa. No sólo nos produce dolor de cabeza sino que, además, en su publicidad encontramos las pastillas que nos aliviarán.”
La pregunta tienen rápida y triste respuesta. El 27 de abril de 2011, su cadaver momificado fue encontrado en su casa de Benedict Canyon (California) un año despues del fallecimiento y sin que nadie se hubiera preocupado por ella durante todo ese tiempo. Esto da una ligera idea de la soledad en que vivió esta anciana los últimos años, lejos de sus tiempos de modelo, cantante, chica Playboy y protagonista de largometrajes como El ataque de la mujer de 50 pies ó El ataque de las sanguijuelas gigantes entre otros títulos de serie B, lo que le llevó a tener cierta popularidad allá por los años cincuenta del pasado siglo.
Yvette Vickers nació en Kansas en 1928, fruto de un matrimonio de músicos de Jazz. Después de iniciar estudios de periodismo, la publicidad llamó a su puerta, comenzando a realizar diversos trabajos como modelo, en el teatro y la televisión, hasta debutar en cine de la mano de Billy Wilder, con un papelito en El crepúsculo de los dioses (1950). El dato es curiosamente premonitorio si tenemos en cuenta que este largometraje se centraba en la historia de una vieja estrella olvidada por casi todos.
Vickers, pasando apuros dentro del bar, en El ataque de la mujer de 50 pies
En 1957 llegó a coprotagonizar la película dirigida por James Cagney, Atajo al infierno. Al año siguiente, obtuvo su papel más recordado en El ataque de la mujer de 50 pies, todo un hito en el cine de serie B, hoy convertida en película de culto dentro del subgénero. Poco más tarde repetiría con El ataque de las sanguijuelas gigantes y fue elegida chica Playboy en el número de la revista de Julio de 1959 . Después comenzaría el declive de su carrera, aunque siguió compaginando la televisión con breves apariciones en el cine, eso sí, cada vez más espaciadas.
Ni su aventura pasajera con Cary Grant, ni dos fugaces matrimonios y una relación de catorce años con el también actor Jim Hutton dieron descendencia a Vickers, que murió por causas naturales y absolutamente sola, en algún momento del año 2010. Sin embargo, hubo que esperar hasta abril de 2011 para que su vecina, extrañada por la acumulación de correspondencia en el buzón de la artista, entrara en la casa y descubriera su cuerpo inerte dentro del dormitorio.
Entre amigos, solemos comentar cuanto tardamos cada fin de semana en ser vencidos por el sueño tras sentarnos ante el televisor después de comer. Al horario, ya de por sí crítico, se une la inestimable colaboración de las llamadas "cadenas generalistas" y su programación.
Las mejores siestas, sin duda, son facilitadas por aquellos pestuños de sobremesa sobre ataques de rabiosas avispas asesinas. Quien dice avispas dice abejas, arañas, pulpos, calamares gigantes, termitas, ratas y cualquier otro animalito desagradable, solo ó en grupo, porque la película seguirá siendo un calco de la anterior. Planteadas casi siempre en el ámbito rural, giran en torno a niños traviesos que molestan a los bichos en cuestión, generalmente transportados inconscientemente hasta el lugar; uno o varios ataques dentro de un coche o barco del que la víctima, claro está, no puede salir; el repentino descubrimiento de algún cadaver ya atacado por la plaga; un sheriff que intenta manejar la situación con mejor o peor fortuna, etc., etc., etc.
Merecen un destacado especial los insufribles largometrajes centrados en torno a catástrofes naturales, elaborados a imagen y semejanza unos de otros. Véase una ola gigante que destruirá la costa Este u Oeste estadounidense, a no ser que el comité de emegencia (siempre reunido en una sala de control con muchas pantallas y gráficas con lucecitas) ponga antes remedio. Otros ejemplos del mismo perro con distinto collar son los destructivos terremotos, volcanes en erupción, tornados desoladores, contaminaciones químicas o virus letales. Todas estas películas, casi sin excepción, se inician presentado al espectador pequeños signos anticipadores de la tragedia en ciernes y cuentan cómo el héroe de turno logra salvar la situación, sin tener que mancharse las manos en eliminar al malo de la película, porque el desastre natural en cuestión se ocupará de hacer el trabajo sucio. Un patrón que también se repite machaconamente es que el heroe protagonista y su familia están fisicamente distanciados, por lo que buena parte de la trama se va en intentar la reagrupación familiar "in extremis".
Otro de los pilares básicos del género soporífero son aquellas cintas, al más puro estilo "Estrenos TV", sobre una mujer perseguida por un asesino y/o violador en serie. Vamos, la puntilla para una vida llena de desafíos y desgracias hasta que su vecino, compañero de trabajo, detective de homicidios ó similar, le salvan del peligro abriendo para ella las puertas de un nuevo horizonte semtimental que, después de tanto sufrir, la chica tenía muy merecido.
Por último, no podemos olvidar algunas cintas románticas hasta decir basta, otras del peor género fantástico ó simplemente tan impresentables que ni siquiera admiten catalogación, pero que provocan idéntico efecto sedante.
Entre mis pestuños favoritos, con efecto adormecedor más inmediato que el más eficaz de los somníferos destacan leños de grueso calibre como Temblores, Un pueblo llamado Dante´s Peak, Volcano, Twister, El ataque de las abejas asesinas, Tentáculos, Octopus, La momia, El barco fantasma, Aracnofobia, Anaconda, Deep impact, Poseidón, Waterworld, Independence day, Mensaje en un botella, Kate y Leopold, Marabunta, Ghost, El día de mañana, y otros que se suman a la larga lista de aportaciones cinematográficas con las que conciliar el sueño en las sobremesas de sábados y domingos. Y en el caso poco probable de no cumplir el efecto deseado, siempre quedará volver a enfrentar cualquiera de los pestuños que ya has visto (al menos empezar), tarea que gustosamente nos facilitan una y otra vez muchos canales de televisión. ¡Felices sueños!