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domingo, 19 de junio de 2011

ANTONIO MORENO, PIONERO EN HOLLYWOOD


Antonio-Moreno
A veces perdemos, con una facilidad pasmosa, nuestra capacidad para atisbar lo que se muestra dos palmos más alla de nuestras narices. Tal vez sea por eso que muchos piensan en Antonio Banderas como el primer actor español que alcanzó el éxito en la meca del Cine. Sin embargo. mucho antes hubo otros, como su tocayo Antonio Moreno, pionero en Hollywood desde su llegada a principios del siglo XX.

Este actor madrileño, cuyo nombre real era Antonio Garrido, fue empujado por la necesidad a probar fortuna en la incipiente industria cinematográfica norteamericana. Emigró siendo muy joven y mientras desempeñaba trabajos de lo más variopinto comenzó a hacer teatro, hasta que en 1912 empezó su carrera en el cine mudo, donde rápidamente se desenvolvería como pez en el agua en papeles principales, entre compañeros de la talla de Lionel Barrymore, Mary Pickford, Lilian Gish, Gary Cooper y Greta Garbo.


Crestmount
Crestmount

Ayudado por su aspecto físico, llegó a convertirse en uno de los primeros latin lovers de Hollywood, dentro y fuera de las pantallas, sin que su éxito tuviera mucho que envidiar al del mismísimo Rodolfo Valentino. Tal vez por eso contrajo matrimonio en 1923 con la multimillonaria Daisy Canfield, junto a la que se instaló en la mítica mansión Crestmount. Allí, la flor y nata de la industria acudía con frecuencia a las que tenían merecida fama de ser las mejores fiestas de Hollywood, en los tiempos en los que Moreno vivía en la cresta de la ola y no paraba de trabajar.

Apoyado en la desahogada situación económica que le proporcionaba su prolífica y exitosa carrera, con la llegada del cine sonoro se produjo un parón en su trayectoria profesional, pues su marcado acento español le inhabilitaba para muchos papeles, aunque nunca dejara totalmente sus apariciones ante las cámaras. Aún no siendo comparable con su etapa de gran estrella del cine mudo,  unos años después resurgió dentro del consolidado cine sonoro, interviniendo en películas como Encadenados de Alfed Hitchcock, The black lagoon (rodada en 3D) ó Centauros del desierto, de John Ford.




El punto y final a una vida de película tuvo lugar en Beverly Hills en 1967, cuando ya se había retirado definitivamente del Cine una década antes. Aunque había regresado puntualmente a España en los años treinta para protagonizar María de la O, al lado de Pastora Imperio y Carmen Amaya, la trayectoria de Antonio Moreno sirve como botón de muestra de aquello tan español de que uno no puede ser profeta en su tierra, donde son pocos quienes vagamente recuerdan su existencia.



miércoles, 11 de mayo de 2011

EL HOMBRE QUE SABÍA DEMASIADO


Como luego hiciera en Cortina rasgada con Julie Andrews, Alfred Hitchcock se decantó por una protagonista de corte amibarado para El hombre que sabía demasiado, en detrimento de su prototipo de mujer rubia más o menos fría y misteriosa. A mi juicio, la elección estuvo aquí más justificada, al poner el énfasis en mostrar, antes que a una mujer enamorada, a una madre empeñada por encontrar a su repelente vástago, secuestrado porque un espía moribundo ha revelado casualmente a su padre los planes para ejecutar un magnicidio en la capital británica. La elegida fue la actriz norteamericana Doris Day, quien da vida en la ficción a la despierta esposa del doctor McKenna (James Stewart). 

Es una leyenda viva de Hollywood, de esa clase de artistas en toda la extensión del término, pues lo mismo baila que canta o interpreta, pero siento decir que esta vez no la encuentro a la altura de su compañero. Parecería injusto señalar que está mal en el papel, si bien la reconozco algo sobreactuada y, más que nada, chirría verla fuera de su hábitat, el de las comedias y musicales que la hicieran tan popular. 
                                                                   
En esta historia de espías, desarrollada a caballo entre Marrakech y Londres, sorprende la manera en que describe la primera de aquellas ciudades, su luz, esencia y colorido, bien captados por el genio británico, tan ajeno en principio a aquellas latitudes. Aunque estaba menos orgulloso, en 1934 firmó una versión más modesta de este largometraje durante su etapa británica, pero ambientada en un lugar tan contrapuesto a Marruecos como los Alpes suizos.

Man Who Knew Too Much, The x06                                                                                                                                                                                                 by newhousedesign

Personalmente, me encantan las secuencias en el taller del taxidermista Ambrose Chapell, rodadas en los escenarios reales del taller de "Edward Gerrard & sons", famosa firma londinense -ya desparecida- que durante años suministró material para el atrezo de muchas películas. El primer encuentro de James Stewart con el señor Chapell padre, equiparado a un pelícano disecado y luego con el hijo, un tigre rugiente, preceden al forcejeo alrededor de un pez sierra, leones, pájaros y leopardos que pone el toque de humor inglés entre el suspense que rodea toda la cinta. En realidad, el personaje de Stewart, que medía casi dos metros, había aportado antes unas notas de humor con sus dificultades para sentarse a comer en un restaurante marroquí.




De otro lado, sería imperdonable no recordar la maestría de Hitchcock para elaborar escenas de gran tensión en espacios como cines, teatros o salas de conciertos abarrotados de público, lo que tiene lugar en varios de sus títulos como Sabotaje, Cortina rasgada y 39 escalones. Por ello, no es de extrañar que El hombre que sabía demasiado nos regale lo mejor de la película en el interior del Royal Albert Hall de Londres: nueve minutos sin una sóla linea de diálogo en los que se concatenan decenas de planos fijos bajo el único acompañamiento musical de la obra que se interpreta durante el desarrollo de la trama, sugiriendo un claro homenaje al cine mudo.

Además, este largometraje se hizo con el Oscar a mejor canción, por el recordado "Que será, será", cantado a regañadientes por  Doris Day en dos pasajes del largometraje y en el que nada tuvo  que ver Bernard Hermann, que también  rescató parte de la música de la primera versión de 1934.


      
No quiero terminar sin hacer mención a un par de curiosidades que rodean esta película. La primera de ellas es que no sólo cuenta con el tradicional cameo de su director (aparece de espaldas viendo un espectáculo acrobático en el mercado), sino que el gran Bernard Hermann se encarnó a sí mismo mientras dirigía a la Sinfónica de Londres. La segunda es el hotel La Mamounia donde se aloja la familia protagonista en Marrakech, que existía en realidad y hoy sigue siendo uno de los más conocidos y lujosos del país.


viernes, 25 de marzo de 2011

RESULTADOS DE LA ENCUESTA: ¿QUIÉN ES TU CHICA HITCHCOCK FAVORITA?

Grace-Kelly

Una vez finalizada la encuesta, ya tenemos resultados sobre quien es vuestra favorita entre las mujeres fetiche de Alfred Hitchcock. Podría haber incluido alguna otra, pero considero que las seleccionadas son las actrices más representativas en la filmografía del director y estas cuatro rubias rodaron con él en varias ocasiones.

Los lectores de Los ojos del kinetoscopio han alzado al primer puesto, con un 48% de los votos, a la inolvidable Grace Kelly, representación de la belleza y la elegancia más glamurosa de su tiempo. Nada hubiera importado si hubiese sido una pésima intérprete, porque sus dotes para cautivar al espectador en títulos como Crimen perfecto o La ventana indiscreta serían motivo suficiente para justificar toda su carrera.

Ingrid-Bergman
Ingrid Bergman

En segundo lugar, con el 29% de los votos, ha quedado clasificada mi favorita entre las cuatro candidatas, aunque sois vosotros quienes mandáis. La dama no es otra que la maravillosa Ingrid Bergman, encargada de dar vida, entre otras, a las protagonistas de Recuerda y Encadenados.


Tippi-Hedren
Tippi Hedren
Joan-FontaineA cierta distancia, le sigue Tippi Hedren, cuyos principales títulos de éxito practicamente se reducen a dos cintas del genio del suspense: Los pájaros y Marnie la ladrona. Ya en el furgón de cola, con sólo un 6% de apoyos, se sitúa una discreta Joan Fontaine, a la que todos recordaremos siempre por Rebeca, donde representa a una mujer atormentada en su disputa con la alargada sombra del cadáver de su predecesora, la primera señora de Winter.

Gracias a todos los que habéis colaborado con vuestra aportación y os invito, a vosotros y a quienes no lo hicieron, a participar en la próxima encuesta de Los ojos del kinetoscopio.          

martes, 8 de marzo de 2011

OTRO FINAL DE VÉRTIGO

Todos nos molestamos cuando alguien destripa el final de las películas que aún no hemos visto, pero la cosa cambia si hablamos de Vértigo. La culpa ya no será del destripador, sino del espectador que no ha movido un dedo por disfrutarla en algún momento de los últimos cincuenta y tantos años. El que avisa no es traidor...
        

Por esa razón y para deleite propio y de todos aquellos seguidores de la cinta que desconocían su existencia,  he rescatado este video con el final original, que no puede llamarse alternativo, pues no suprime la famosa escena del campanario, sino que le da continuidad en el apartamento de Midge.

Alfred Hitchcock rodó este epílogo sin tener interés alguno en que pasara a formar parte del metraje definitivo y, al parecer, le fue impuesto para su distribucion en ciertos países extranjeros, donde la censura no aceptaría que el marido de Madeleine saliera impune de su crimen. Recordemos que en la versión conocida éste queda libre para regocijo del director, quien disfrutaba mucho de esos detalles irónicos. No obstante, apenas se distribuyeron unas pocas copias con este final y rápidamente se impuso la insuperable versión que todos conocemos.

Vértigo
Fotograma de Vértigo

Es una sola secuencia sin cortes, ni música o diálogos, donde el perrito faldero de Scottie está en su casa, escuchando por la radio la inmimente detención en Europa del marido de Madeleine. Buena muestra de la ironía a la que antes me refería es la siguiente noticia del boletín informativo, que narra cómo tres universitarios han sido descubiertos subiendo una vaca por las escaleras de un edificio. No olvidemos que la escena inmediatamente anterior es la dramática subida de la pareja protagonista por la escalera del campanario.

Cuando llega Scottie, Midge apaga el transistor y sirve dos copas mientras él, ya curado de su enfermedad, descubre la ciudad de San Francisco a través del ventanal. Ella, que había desaparecido derrotada y en silencio por los pasillos del sanatorio, reaparece preparada para la batalla por el hombre que tiene frente a sí, ya inerme, vacío y derrotado.

De haberse impuesto este final, nada hubiera cambiado de mi percepción sobre Vértigo, expuesta en una de las primeras entradas de este blog bajo el título VERTIGO EN CHARLA DE NEVERA porque, como dijo François Truffaut, si el cine fuera una religión, Alfred Hitchcock sería su sumo sacerdote.

Como regalo para los más fieles seguidores de la película, os dejo este enlace a una interesante página que contiene imágenes de los exteriores de Vértigo y que espero disfrutéis.   

miércoles, 1 de diciembre de 2010

VERTIGO EN CHARLA DE NEVERA

Soy de los que disfrutan Vértigo desde los créditos de entrada, obra de Saul Bass, porque está plagada de secuencias magistrales y hasta la elección de los colores utilizados merecería un tratado independiente.

Tanto la música de Bernard Hermann como la ciudad de San Francisco acompañan al gran James Stewart y a Kim Novak (su papel iba destinado a una Vera Miles inoportunamente embarazada)  como dos personajes más de esta relación entre un hombre y un fantasma. Una notable Barbara Bel Geddes pone el contrapunto como racional espectadora, a su pesar.


Elevada a película de culto sólo años depués de su estreno, Vértigo se presta a lo que Hitchcock llamaba "charla de nevera", en referencia al momento en que, ya en casa tras volver del cine, tomamos algo de la nevera mientras especulamos sobre ésta o aquella escena que no nos convence  o no le encontramos explicación. Al director, que siempre sabía por qué y cómo hacía las cosas, le hacía gracia esa capacidad del publico para reinterpretar sus películas.

Para quien disfrute con los errores, esta obra maestra  no podía ser menos y tiene uno cuando Scottie y el marido de Madeleine se entrevistan en un club ante dos copas, de las cuales desaparecen en un instante los cubitos de hielo.

He perdido la cuenta de las veces que la he visto y aunque ya no me sorprendo por ello, consigue que cada ocasión me parezca la primera.
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