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martes, 8 de marzo de 2011

OTRO FINAL DE VÉRTIGO

Todos nos molestamos cuando alguien destripa el final de las películas que aún no hemos visto, pero la cosa cambia si hablamos de Vértigo. La culpa ya no será del destripador, sino del espectador que no ha movido un dedo por disfrutarla en algún momento de los últimos cincuenta y tantos años. El que avisa no es traidor...
        

Por esa razón y para deleite propio y de todos aquellos seguidores de la cinta que desconocían su existencia,  he rescatado este video con el final original, que no puede llamarse alternativo, pues no suprime la famosa escena del campanario, sino que le da continuidad en el apartamento de Midge.

Alfred Hitchcock rodó este epílogo sin tener interés alguno en que pasara a formar parte del metraje definitivo y, al parecer, le fue impuesto para su distribucion en ciertos países extranjeros, donde la censura no aceptaría que el marido de Madeleine saliera impune de su crimen. Recordemos que en la versión conocida éste queda libre para regocijo del director, quien disfrutaba mucho de esos detalles irónicos. No obstante, apenas se distribuyeron unas pocas copias con este final y rápidamente se impuso la insuperable versión que todos conocemos.

Vértigo
Fotograma de Vértigo

Es una sola secuencia sin cortes, ni música o diálogos, donde el perrito faldero de Scottie está en su casa, escuchando por la radio la inmimente detención en Europa del marido de Madeleine. Buena muestra de la ironía a la que antes me refería es la siguiente noticia del boletín informativo, que narra cómo tres universitarios han sido descubiertos subiendo una vaca por las escaleras de un edificio. No olvidemos que la escena inmediatamente anterior es la dramática subida de la pareja protagonista por la escalera del campanario.

Cuando llega Scottie, Midge apaga el transistor y sirve dos copas mientras él, ya curado de su enfermedad, descubre la ciudad de San Francisco a través del ventanal. Ella, que había desaparecido derrotada y en silencio por los pasillos del sanatorio, reaparece preparada para la batalla por el hombre que tiene frente a sí, ya inerme, vacío y derrotado.

De haberse impuesto este final, nada hubiera cambiado de mi percepción sobre Vértigo, expuesta en una de las primeras entradas de este blog bajo el título VERTIGO EN CHARLA DE NEVERA porque, como dijo François Truffaut, si el cine fuera una religión, Alfred Hitchcock sería su sumo sacerdote.

Como regalo para los más fieles seguidores de la película, os dejo este enlace a una interesante página que contiene imágenes de los exteriores de Vértigo y que espero disfrutéis.   

miércoles, 1 de diciembre de 2010

VERTIGO EN CHARLA DE NEVERA

Soy de los que disfrutan Vértigo desde los créditos de entrada, obra de Saul Bass, porque está plagada de secuencias magistrales y hasta la elección de los colores utilizados merecería un tratado independiente.

Tanto la música de Bernard Hermann como la ciudad de San Francisco acompañan al gran James Stewart y a Kim Novak (su papel iba destinado a una Vera Miles inoportunamente embarazada)  como dos personajes más de esta relación entre un hombre y un fantasma. Una notable Barbara Bel Geddes pone el contrapunto como racional espectadora, a su pesar.


Elevada a película de culto sólo años depués de su estreno, Vértigo se presta a lo que Hitchcock llamaba "charla de nevera", en referencia al momento en que, ya en casa tras volver del cine, tomamos algo de la nevera mientras especulamos sobre ésta o aquella escena que no nos convence  o no le encontramos explicación. Al director, que siempre sabía por qué y cómo hacía las cosas, le hacía gracia esa capacidad del publico para reinterpretar sus películas.

Para quien disfrute con los errores, esta obra maestra  no podía ser menos y tiene uno cuando Scottie y el marido de Madeleine se entrevistan en un club ante dos copas, de las cuales desaparecen en un instante los cubitos de hielo.

He perdido la cuenta de las veces que la he visto y aunque ya no me sorprendo por ello, consigue que cada ocasión me parezca la primera.
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