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| Cartel de Arroz amargo. |
Como telón de fondo de esta historia, merecidamente nominada al Oscar al mejor guión original, la campaña de recolección en los arrozales al norte del país. Walter y Francesca (Gassmann y Dowling) llegan huyendo de la policía por su implicación en el robo de unas joyas y coinciden con Silvana y Marco (Mangano y Vallone), estableciendose entre los personajes conexiones de amor, desamor, odio, envidia, solidaridad, desconfianza y agradecimiento. Además, Arroz Amargo retrata la clase obrera italiana de la época y las miserias y bondades de las que somos capaces cuando el hambre aprieta.
En lo técnico, destaco la buena fotografía y una novedosa utilización del travelling y algunos planos poco usuales en el cine europeo de la época. En cuanto a los intérpretes, Doris Dowling está por debajo de sus compañeros, y me gusta Vittorio Gassmann. Eso si, me quedo con la Silvana Mangano que derrama erotismo en cada toma sin enseñar apenas nada, porque pertenece a ese reducido grupo de actrices que pueden hacerlo con una mirada, bebiendo un vaso de agua o recogiendo su cabello. Y eso me lleva a imaginar con regocijo a los censores españoles del momento trabajando a destajo por su culpa, hasta degradar al mismísimo Eduardo Manostijeras a la categoría de becario en prácticas.
Para terminar, algo que me atrae mucho son las meteduras de pata. En este caso hay una en la parte final, donde una de las actrices principales abre los ojos y mira hacia atrás. Nada raro, si no fuera porque ya ha muerto.
¿Vas a perdértela?
¿Vas a perdértela?
