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viernes, 4 de marzo de 2011

EL FESTÍN DE BABETTE



Por segunda vez, vuelvo a distanciarme peligrosamente del cine clásico. En esta ocasión tiene la culpa El festín de Babette, versión cinematográfica del relato homónimo de Isak Dinesen (Karen Blixen). Todos la recordamos si no como escritora, al menos como el personaje encarnado por Meryl Streep en la adapatación al cine de su autobiografíaMemorias de África. 

El anciano director danés Gabriel Axel rodó con acierto El festín de Babette, alzándose con el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, categoría donde afortunadamente tienen cabida cintas resistentes al estereotipo imperante. Como guinda del pastel obtuvo, además, el premio especial del jurado en Cannes y el Bafta británico al mejor largometraje extranjero. Así que, si eres de los que temen al cine europeo, estás ante una buena ocasion para perderle el miedo y dar oportunidad a una película liberada de la esclavitud de los efectos especiales. Ya sé que puede parecer algo lenta, aunque tal vez necesite ese ritmo para recrearse en la sencillez, algo a lo que contribuye enomemente su cuidada fotografía.


Cuenta la historia de Martina y Filippa, dos hermanas danesas ya mayores -casi tan adorables como las tías de Arsénico por compasión- que habitan una aldea en la célebre costa de Jutlandia, el escenario de la mayor batalla naval de la Primera Guerra Mundial, aunque ese es otro tema. El amor tienta a ambas en sus años mozos, más la voluntad de su padre, un estricto pastor luterano, ya las había predestinado a convertirse en dos almas pías y, sobre todo, solteras.

Atendiendo los ruegos de uno de sus fallidos amores de juventud, recogen a una francesa llamada Babette y la toman a su servicio. Por cierto que la escena de su solitaria llegada a la aldea entre el viento, el barro y la lluvia, como un auténtico fantasma, es de una belleza visual digna de mención.

Tras varios años juntas, Babette organiza una cena para conmemorar el centenario del nacimiento del pastor, a base de manjares directamente importados desde su Francia natal, olvidando por una vez la triste dieta del pescado seco y las sopas de pan. Ante la espectacularidad del banquete, Martina y Filippa, siempre tan austeras, ven en ello algo pecaminoso aunque todos los comensales terminarán por entregarse, como por arte de magia, a los placeres de las codornices en sarcófago, los blinis, la sopa de tortuga ó el champagne durante una cena que les rebozará de positividad, demostrándose que la religión no requiere necesariamente la infelicidad en la Tierra para alcanzar la Gloria del más allá.



Es curioso, pero en la entrada anterior a ésta tambien hablaba de comida, uno de mis pecados confesables. Películas como Chocolat, Un toque de canela, Delicatessen, Como agua para chocolate o la propia El festín de Babette, podría decirse que pertenecen a una jugosa categoría de películas muy particulares que yo denominaría del género gastronómico. ¿Alguien me recuerda alguna más?
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