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lunes, 16 de mayo de 2011

LA CENA DE LOS IDIOTAS

¿Qué tiene en común una pandilla de burgueses que cada miércoles se reune a cenar para mofarse del tipo más estúpido que puedan convidar al evento? Pues ser personas de lo más arrogante, cuya prepotencia puede abocarles a convertirse en el cazador cazado. Este podría ser un breve resumen de la divertida historia que contiene La cena de los idiotas, exitoso largometraje francés de 1998 donde su director, Francis Veber, llevó a la gran pantalla una obra teatral de cosecha propia.

Pierre Brochant (Thierry Lhermitte), un brillante editor que estuvo a punto de ser interpretado por Gerard Depardieu, capta al simplón y bienintencioado François Pignon (Jacques Villeret) bajo el pretexto del fingido interés en publicar un libro acerca de las reproducciones de monumentos emblemáticos construidas por éste con miles de cerillas.  

Pura y dura comedia de situación -entre las mejores del reputado cine cómico francés- que se va complicando conforme avanza el metraje, gracias a unos diálogos ingeniosos que le dan rapidez y frescura. Eso no impide que nos paremos a pensar en su trasfondo: el reproche a toda una clase de adinerados triunfadores que van por ahí mirando al resto de la humanidad por encima del hombro. Y es que la historia me parece tan divertida como cruel, tal vez porque nunca he soportado la falta de respeto gratuita hacia el prójimo, por muy estúpido e irritante que éste sea. No parece, sin embargo que la idea cale en el yuppie protagonista, que trata de justificarse ante su esposa cuando le dice: "¿Qué hay de divertido en invitar a un infeliz para burlarse de él?" Mientras, él responde; “No es un infeliz, es un idiota. ¿Qué hay de malo en reirse de un idiota? Para eso están.”


Hasta el físico de los protagonistas les distingue con claridad. El tonto es bajito, gordo y calvo y si conserva algo de pelo sólo sirve para darle una apariencia más ridícula. El listo, en cambio, es bien parecido, ojos azules, alto, delgado y claro está, con toda su cabellera. Ahora bien, lo que más distancia a ambos es su interior y pese a que pudiera parecer que también el yuppie gana en inteligencia, puede que sea más avispado que Pignon, pero sobre todo le gana en osadía e imprudencia, lo que termina por convertirle a la postre, no sólo en peor persona sino en el más tonto de los dos.

La-cena-de-los-idiotas

Por mi parte, no puedo hacer otra cosa que recomendar La cena de los idiotas a quienes esperen pasar un rato divertido lejos de las preocupaciones de la vida diaria y comentaros, para terminar, un par de curiosidades. La primera es que muchas de las peliculas escritas y dirigidas por Francis Veber tienen como protagonista al siempre incauto, torpe e inocente François Pignon, aunque varíe el actor que le da vida. Y la segunda que, a causa del éxito alcanzado, se hayan hecho después versiones tan dispares como la hollywoodiense La cena ó la llevada a cabo por la factoría Bollywood bajo el título Bheja Fry.

Y aunque no sea muy dado a repartir consejos, si un desconocido os invita a comer con sus amigos, yo que vosotros declinaría amablemente la invitación, por lo que pudiera pasar.  
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