Anna Magnani, dueña de las mejores ojeras del Cine, por fin dió vida en esta película de 1955 a Serafina delle Rose. Y digo por fin, ya que su amigo Tennessee Williams había escrito el papel de la obra teatral La rosa tatuada pensando en ella. A pesar de que el personaje es una inmigrante siciliana en Estados Unidos, un desconocimiento casi absoluto del idioma que hubiera obligado a memorizar foneticamente el papel completo, le impidió representarlo en Broadway. El autor se encargó personalmente del guión y pudo quitarse la espinita de ver a Nonnarella (apodo de Anna Magnani) destilando a raudales sexo, temperamento, desesperación, tristeza, amor y vida. Y esta no sería la única vez, porque en 1957 volvió a ser una de las mujeres de su amigo Williams en Piel de serpiente, del desaparecido Sidney Lumet.
Versátil en el drama y la comedia, fue la primera actriz italiana en ganar el Oscar gracias a éste, su primer largometraje para Hollywood, un lugar donde parecía una extraterrestre, una antidiva de carne y hueso que no se maquillaba ni pasaba por la peluquería. Por eso, a los pocos días de su llegada a EEUU, la prensa escrita americana dijo: <<Frente a Anna Magnani, nuestras divas son maniquies de cera. Sólo Greta Garbo podría confrontarse con ella.>>
Algo menos recordada y exitosa que otras obras de Tennessee Williams tambien llevadas al cine con acierto, La rosa tatuada fue dirigida por Daniel Mann y contiene todos los ingredientes marca de la casa, incluido un sofocante calor que facilita la contemplación de su protagonista en sugerente combinación interior. La señora delle Rose es una de esas féminas que Williams retrató tanto y tan bien, sometida al dilema de elegir entre el sexo y la muerte, entre la vida y el ostracismo. Al enviudar de un hombre al que nunca llegamos a ver claramente, conoce a Álvaro Mangiacavallo (Burt Lancaster) y tiene que pelear consigo misma y con sus convicciones a causa de su dilema: entregarse a la pasión ó condenarse a ella y a su hija al luto eterno. En un momento de la historia, Mangiacavallo la define perfectamente al decirle que "ha metido su corazon en la urna de las cenizas", mientras que ella le señala como "un payaso en el cuerpo de mi marido."
| Burt Lancaster y su hijo |
Burt Lancaster había comenzado a intercalar diversos registros para escapar del encasillamiento como aventurero espadachín de probadas dotes acrobáticas. Su papel en esta cinta colabora a ese objetivo y aunque no es unos de los más recordados de su carrera -algo complicado cuando compartes plano con una sembrada Anna Magnani- a mi me gusta especialmente. Con el tiempo, Lancaster llegaría a hacer el viaje inverso a su compañera de reparto, con recordadas incursiones en el cine italiano, en especial Novecento y El gatopardo, su trabajo preferido.
En la piel de Rosa delle Rose, joven hija de Serafina, está la italiana Marisa Pavan que desarrolló una breve carrera aunque fue suficiente para ganar el Globo de Oro por éste rol y ser la elegida para recoger el Oscar en nombre de Anna Magnani, que esa noche se encontraba tranquilamente en Roma. Asimismo, es hermana gemela de la actriz algo más conocida Pier Angeli, fallecida por suicidio en 1971.
| Marisa Pavan (izq.) y Pier Angeli |
No quiero terminar sin hacer mención a la fotografía de James Wong Howe, que le valió el Oscar en la categoría blanco y negro, en un año en que también estaba nominado para el premio en color por su excelente trabajo en Picnic.
Esta vez, el dato curioso lo aporta el cameo de Tennessee Williams y Hal B. Wallis, productor de éste y centenares de largometrajes, entre los que se cuenta alguno de los mejores de todos los tiempos. Ambos se dejan ver camuflados entre la clientela que juega y se divierte en el club Mardi Gras.